
ENSAYO SOBRE LA NATURALEZA DEL SER HUMANO Y DE LAS DISTINTAS DIMENSIONES DE LO REAL.
Las tres dimensiones esenciales del ser humano:
Existen determinadas razones que llevan a creer fielmente de que en el hombre interactúan tres dimensiones concéntricas esenciales que lo constituye.
Estas dimensiones iremos a representar con una forma geométrica circular que se entrecruzan e interactúan entre ellas y además, subcírculos en cada uno de ellos hasta el infinito.En el primer círculo iremos a representar al plano instintivo; al segundo, el plano de las emociones y el tercero al plano intelectual.
Estas dimensiones representa la síntesis de la perfección del ser humano en sus grados respectivos de adquisición de la conciencia de si mismo y del universo donde habita.
Es la búsqueda de si mismo y su encuentro con su centro.
El filósofo es el que quiere, desea, anhela comprenderse y comprender lo real y también lo ilusorio y fantasioso.
El filósofo es aquel que sabe, puede y quiere discernir lo real de lo ilusorio, la verdad del error, lo cierto y verídico de la falsedad y se queda con la primera comprensión sin el desconocimiento de su opuesto que lo constituye y constituyen las cosas.
El filósofo es aquel que con este discernimiento y sano juicio de conciencia moral comprende las dimensiones y subdimensiones en si mismo interactuando con el entorno en que continuamente experimenta.
Estaba escrito en la entrada del templo en Delfos la famosa frase “conócete a ti mismo que comprenderás el universo y los dioses”
Pero el tema es ¿Cómo conocerse?
En primer lugar, contemplando la propia naturaleza, sus componentes y sus ciclos del cómo se comportan y por qué razón.
En segundo lugar, contemplando al propio entorno de si mismo como integrantes de la propia naturaleza, sus componentes y los ciclos de cada uno y el por qué razón de estas experiencias personales con los demás.
En tercer lugar, la contemplación de si mismo como fundamento de todas las anteriores; El autoconocimiento sobre si mismo en relación directa con la naturaleza y la naturaleza de los demás.
Nos preguntaríamos ¿por medio de qué conocemos y comprendemos estas cosas?
Remitiéndonos a la autocongnición de estas tres dimensiones interactuando en el ser humano y con el ser humano y las cosas.
Creo que me atrevería afirmar sobre aquel dicho popular de que nunca se termina de conocer a las personas ni a la propia persona querida que tenemos al lado.
Yo pregunto ¿ Y cuánto te conoces?; ¿Sabes quien eres realmente más allá de las identidades y roles pasajeros proporcionados en este existir?, ¿Sabes cual es tu misión, o sea, que debes hacer de tu existencia?; ¿sabes por que te ocurren determinadas cosas sean desgraciadas, frustradas o exitosas y felices?
Bueno, si la respuesta es negativa, entonces significa que vamos por los carriles ciertos porque hay la suficiente humildad para reconocer que hay que conocer, y es ese el inicio.
Puede conocer al otro en la misma medida en que te conoces a ti mismo, ni más, ni menos. Afirmaba Protágoras que “el hombre es la medida de todas las cosas”, y esto generalmente siempre fue entendido a medias y no en la medida.
El que puede comprender al hombre es el filósofo
Por eso hablo del hombre como arquetipo ideal y el que comprende estas dimensiones es el filósofo.
¿ ya se han preguntado lo que necesita el ser humano para ser filósofo y llegar a comprender las dimensiones que lo constituyen?
Voy hacer una lista para que comprendamos los requisitos.
Academicista, Profesor de Filosofía, haber estudiado en la Universidad Licenciatura, posgraduación o Doctorado, Maestria en Filosofía, Epistemólogo de la Facultad de Humanidades y Ciencias, Intelectualista, Certificados y constancias de Carreras, Diplomas y cursos de capacitaciones sobre la materia. Todo esto y otros que me olvido no son los requisitos para ser filósofo. Más aún, es un peligro no llegar a serlo jamás porque el orgullo, el ego, la arrogancia son la verdadera manifestación de la ignorancia donde cualquier persona puede sutilmente ser víctima fatal.
Lamentablemente, estos elementos meritocráticos mencionados son una prueba cruel de humildad y devoción donde la persona deberá saber sobrepasar.
El filósofo debe intentar comprender lo que es el amor para llegar a la sabiduría como el sentido etimológico griego de la palabra indica y poco se comprende.
El amor es contrario al egoísmo, es contrario a la envidia, a la arrogancia, a la vanidad, al orgullo, a la guerra, a la discordia, al rencor.
Por estas razones y otras tantas, el ser humano que se centra en el principio del amor para la sabiduría ya es un filósofo y no hay diploma para ese centro,
Esto tiene que ver con la primera y especialmente la segunda dimensión del ser humano que mas adelante les invito a reflexionar con detenimiento.
PRIMERA PARTE: PREPARANDO EL CAMINO ENTRE DIMENSIONES
En esta primera parte de la exposición sobre el tratado trataré de desarrollar sobre el camino arduo que hace el filósofo para la adquisición de la sabiduría.
Ese camino que, generalmente es muy sinuoso y laberíntico, en busca de su centro, de su esencia, de su ser, para luego comprender sabiamente su propia existencia y a partir de este punto, comprender lo real.
¿Cuál es tu centro?, ¿A partir de que principios se mueve tu vida?
Por eso el término Filosofía significa amor a la sabiduría, o sea:
El que ama a la sabiduría es el que desea, quiere, posee voluntad de llegar a la sabiduría.
Según el término griego:
PHILO-amor, SOPHIA-sabiduría.
El filósofo necesita pasar por lo que es el plano instintivo, elevándose hacia el plano de las emociones que es el centro donde siente el amor para llegar a la sabiduría.
El amor es el poder mágico de la esperanza, del que todo puede, o sea, la fe, la humildad, el perdón, la compasión y la paz...
Es contrario a los grandes desequilibrios en la humanidad
Es contrario a la guerra, contrario a la derrota, a la desesperanza, a la ambición, al error, al orgullo, a la vanidad, a la arrogancia, a la envidia.
La lógica es fácil:
Donde hay guerra no hay sabiduría.
Donde hay odio y envidia no hay sabiduría.
Donde no hay esperanza no hay sabiduría.
Donde no hay fe no hay sabiduría
Donde no hay compasión no hay sabiduría
La lógica inversa también es fácil:
Donde hay paz hay sabiduría.
Donde hay amor hay sabiduría
Donde hay esperanza hay sabiduría
Donde hay fe hay sabiduría
Donde hay compasión hay sabiduría
Donde hay solidaridad y entendimiento hay sabiduría
Estas dos luminarias son indispensables para el filósofo: el amor del corazón PURIFICADO y la razón del intelecto que es lo único que disipa las sombras del error y la ignorancia y enciende la verdad de la sabiduría.
Si el filósofo niega estos principios se niega a si mismo en el propio sentido etimológico de la palabra griega.
El científico con sus metodologías no concibe lo que no puede medir o ver.
El filósofo se avergüenza porque piensa que va a perder prestigio ante la ciencia si acepta estas realidades existentes en vuestro espíritu.
La ciencia y la filosofía se enfrían. Pierden el espíritu real de su existencia y su ubicación real en el mundo.
Tanto en algunos científicos como en algunos filósofos, les cuestan aceptar que, la magia más poderosa se halla en el corazón. Si el corazón no interviene para dar intensidad a vuestras palabras o a vuestros gestos, continuarán siendo ineficaces, o sea, sin sabiduría.
El filósofo es el que pasa por el fuego mas poderoso que habita en el corazón representado por el plano emocional y se dirige a la razón, representado por el plano intelectual; pero el trayecto no se termina porque debe regresar al corazón con la razón esclarecida y seguir su misión.
¿Sabes cual es tu misión? Si la respuesta es “no lo se”. Comenzamos razonablemente muy bien vivificados por la sabiduría emocional de la humildad.
Todos somos misioneros importantísimos con un deber a concretar o de pronto, que construir.
El tema está en que generalmente cuando la persona siente esa responsabilidad para consigo mismo el orgullo del error se manifiesta y expresa en su semi-inconciencia un delirio napoleónico de querer salvar al mundo, o sea, transformarlo o de repente querer cambiarlo.
Eso no es la misión. ¡Cámbiate a ti mismo antes de querer cambiar a los demás¡ Porque es muy probable que sea esa la misión o el deber para consigo que debería cumplirlo.
El mundo se modela en función y en la medida exacta de vuestro cambio.
Vivimos momentos difíciles de comprender el porqué de las violentas irrupciones climáticas, pandemias globales, violencias globales, terrorismos, tsunamis, terremotos donde no había movimientos sísmicos como en Brasil.
Se preguntaron el ¿por qué de estos cambios violentos?
Es la misma razón del ¿por qué? en los cambios violentos en el temperamento no de una persona sino de multitudes, millares a la vez en el planeta.
El cambio de temperamento de un ser humano actuando bajo una modalidad del primer nivel instintivo casi sin razón y una emoción desenfrenada es análogo del sin razón con y cambios naturales casi antinaturales del temperamento de la naturaleza.
En la medida que el hombre se desequilibra constantemente en si mismo produce desequilibrios no solo en sus planos o dimensiones de lo corporal, emocional e intelectual sino también en toda la naturaleza.
Recíprocamente la naturaleza obedece a ese principio reproduciendo ese efecto o consecuencia en la humanidad.
Dad y recibid, pedid y se los dará o desde la física diría toda causa produce un efecto. Todo efecto una causa, no existe casualidad sino causalidad tanto en la naturaleza como en la humanidad entera.
El desconocimiento de estos principios que constituye lo real es producto de la ignorancia que es ajena de la sabiduría.
Por lo tanto, es ajeno al filósofo que tanto busca no solo comprender lo real sino también vivirlo en función de su centro.
Además, hay que llegar al centro radical de cada sistema, por medio de una comprensión iluminada que sepa discernir las faltas y defectos que provienen de la Ignorancia, los excesos del Fanatismo y la perversión de la Ambición, para encontrar su centro como un corazón resplandeciente de una fe esclarecida por la luz de la razón.
Para esto, el camino del filósofo es análogo s los distintos rayos de una rueda que se aproximan entre sí, acercándose cada cual al centro en donde se fusionan, acercándonos con una más profunda comprensión al centro de uno mismo.
Esos radios de la rueda o también llamados rayos al ir aproximándose al centro es inversamente proporcional a la circunferencia.
Significa que en la misma medida que conocemos el centro, conocemos al otro y las distintas dimensiones de lo real.
Y es recién en este instante que el filósofo se cuestiona e investiga con afán y claridad las siguientes preguntas existenciales que animan toda la humanidad:
¿De dónde venimos?
¿Quiénes somos?
¿A dónde vamos?
Tal es el propósito de la filosofía en el espíritu humano. Aclarar nuestra existencia a través de los distintos niveles de entendimiento y comprensión en nuestro ser y de lo real.
Una vez establecido estos parámetros esenciales, el filósofo debe ordenar en su mente las informaciones de la experiencia para luego entenderlas correctamente con el sano juicio del discernimiento para poder actuar sabiamente.
Ya se han preguntado ¿Cuáles son las ventajas de obrar sabiamente? y ¿Cómo se puede medir si se obra sabiamente o no?
El que obra con sabiduría inmediatamente se refleja en un vivir lleno de luz, paz, felicidad, armonía, justicia y por sobre todo de amor desinteresado.
El que obra con sabiduría no hace sufrir a los demás ni sufre con mentiras, calumnias, falsedades sino que obra según la verdad del corazón vivificado por la razón de forma silenciosa y cuando habla, ordena, transforma o sea va más allá de las ideas y da forma a la materia.
La manera como se mide si el obrar es conforme al error o no es por medio de los acontecimientos presentes manifiestos y la forma como el ser humano toma sus decisiones en ese mismo momento. Si la consecuencia es el sufrimiento, el dolor, malestar cualquiera es porque algún elemento en los respectivos planos del ser se ha manifestado de forma desequilibrada. Y es en ese instante que solamente tu podes saber a ciencia cierta cual es tu medida.
Por eso es necesaria la experiencia inmediata para que estos planos interactúen con los distintos planos de lo real para poder medir en que situación real te encuentras.En los próximas páginas explicaré en cómo interactúan estos planos en nosotros mismos con las distintas dimensiones de lo real.
Ese camino que, generalmente es muy sinuoso y laberíntico, en busca de su centro, de su esencia, de su ser, para luego comprender sabiamente su propia existencia y a partir de este punto, comprender lo real.
¿Cuál es tu centro?, ¿A partir de que principios se mueve tu vida?
Por eso el término Filosofía significa amor a la sabiduría, o sea:
El que ama a la sabiduría es el que desea, quiere, posee voluntad de llegar a la sabiduría.
Según el término griego:
PHILO-amor, SOPHIA-sabiduría.
El filósofo necesita pasar por lo que es el plano instintivo, elevándose hacia el plano de las emociones que es el centro donde siente el amor para llegar a la sabiduría.
El amor es el poder mágico de la esperanza, del que todo puede, o sea, la fe, la humildad, el perdón, la compasión y la paz...
Es contrario a los grandes desequilibrios en la humanidad
Es contrario a la guerra, contrario a la derrota, a la desesperanza, a la ambición, al error, al orgullo, a la vanidad, a la arrogancia, a la envidia.
La lógica es fácil:
Donde hay guerra no hay sabiduría.
Donde hay odio y envidia no hay sabiduría.
Donde no hay esperanza no hay sabiduría.
Donde no hay fe no hay sabiduría
Donde no hay compasión no hay sabiduría
La lógica inversa también es fácil:
Donde hay paz hay sabiduría.
Donde hay amor hay sabiduría
Donde hay esperanza hay sabiduría
Donde hay fe hay sabiduría
Donde hay compasión hay sabiduría
Donde hay solidaridad y entendimiento hay sabiduría
Estas dos luminarias son indispensables para el filósofo: el amor del corazón PURIFICADO y la razón del intelecto que es lo único que disipa las sombras del error y la ignorancia y enciende la verdad de la sabiduría.
Si el filósofo niega estos principios se niega a si mismo en el propio sentido etimológico de la palabra griega.
El científico con sus metodologías no concibe lo que no puede medir o ver.
El filósofo se avergüenza porque piensa que va a perder prestigio ante la ciencia si acepta estas realidades existentes en vuestro espíritu.
La ciencia y la filosofía se enfrían. Pierden el espíritu real de su existencia y su ubicación real en el mundo.
Tanto en algunos científicos como en algunos filósofos, les cuestan aceptar que, la magia más poderosa se halla en el corazón. Si el corazón no interviene para dar intensidad a vuestras palabras o a vuestros gestos, continuarán siendo ineficaces, o sea, sin sabiduría.
El filósofo es el que pasa por el fuego mas poderoso que habita en el corazón representado por el plano emocional y se dirige a la razón, representado por el plano intelectual; pero el trayecto no se termina porque debe regresar al corazón con la razón esclarecida y seguir su misión.
¿Sabes cual es tu misión? Si la respuesta es “no lo se”. Comenzamos razonablemente muy bien vivificados por la sabiduría emocional de la humildad.
Todos somos misioneros importantísimos con un deber a concretar o de pronto, que construir.
El tema está en que generalmente cuando la persona siente esa responsabilidad para consigo mismo el orgullo del error se manifiesta y expresa en su semi-inconciencia un delirio napoleónico de querer salvar al mundo, o sea, transformarlo o de repente querer cambiarlo.
Eso no es la misión. ¡Cámbiate a ti mismo antes de querer cambiar a los demás¡ Porque es muy probable que sea esa la misión o el deber para consigo que debería cumplirlo.
El mundo se modela en función y en la medida exacta de vuestro cambio.
Vivimos momentos difíciles de comprender el porqué de las violentas irrupciones climáticas, pandemias globales, violencias globales, terrorismos, tsunamis, terremotos donde no había movimientos sísmicos como en Brasil.
Se preguntaron el ¿por qué de estos cambios violentos?
Es la misma razón del ¿por qué? en los cambios violentos en el temperamento no de una persona sino de multitudes, millares a la vez en el planeta.
El cambio de temperamento de un ser humano actuando bajo una modalidad del primer nivel instintivo casi sin razón y una emoción desenfrenada es análogo del sin razón con y cambios naturales casi antinaturales del temperamento de la naturaleza.
En la medida que el hombre se desequilibra constantemente en si mismo produce desequilibrios no solo en sus planos o dimensiones de lo corporal, emocional e intelectual sino también en toda la naturaleza.
Recíprocamente la naturaleza obedece a ese principio reproduciendo ese efecto o consecuencia en la humanidad.
Dad y recibid, pedid y se los dará o desde la física diría toda causa produce un efecto. Todo efecto una causa, no existe casualidad sino causalidad tanto en la naturaleza como en la humanidad entera.
El desconocimiento de estos principios que constituye lo real es producto de la ignorancia que es ajena de la sabiduría.
Por lo tanto, es ajeno al filósofo que tanto busca no solo comprender lo real sino también vivirlo en función de su centro.
Además, hay que llegar al centro radical de cada sistema, por medio de una comprensión iluminada que sepa discernir las faltas y defectos que provienen de la Ignorancia, los excesos del Fanatismo y la perversión de la Ambición, para encontrar su centro como un corazón resplandeciente de una fe esclarecida por la luz de la razón.
Para esto, el camino del filósofo es análogo s los distintos rayos de una rueda que se aproximan entre sí, acercándose cada cual al centro en donde se fusionan, acercándonos con una más profunda comprensión al centro de uno mismo.
Esos radios de la rueda o también llamados rayos al ir aproximándose al centro es inversamente proporcional a la circunferencia.
Significa que en la misma medida que conocemos el centro, conocemos al otro y las distintas dimensiones de lo real.
Y es recién en este instante que el filósofo se cuestiona e investiga con afán y claridad las siguientes preguntas existenciales que animan toda la humanidad:
¿De dónde venimos?
¿Quiénes somos?
¿A dónde vamos?
Tal es el propósito de la filosofía en el espíritu humano. Aclarar nuestra existencia a través de los distintos niveles de entendimiento y comprensión en nuestro ser y de lo real.
Una vez establecido estos parámetros esenciales, el filósofo debe ordenar en su mente las informaciones de la experiencia para luego entenderlas correctamente con el sano juicio del discernimiento para poder actuar sabiamente.
Ya se han preguntado ¿Cuáles son las ventajas de obrar sabiamente? y ¿Cómo se puede medir si se obra sabiamente o no?
El que obra con sabiduría inmediatamente se refleja en un vivir lleno de luz, paz, felicidad, armonía, justicia y por sobre todo de amor desinteresado.
El que obra con sabiduría no hace sufrir a los demás ni sufre con mentiras, calumnias, falsedades sino que obra según la verdad del corazón vivificado por la razón de forma silenciosa y cuando habla, ordena, transforma o sea va más allá de las ideas y da forma a la materia.
La manera como se mide si el obrar es conforme al error o no es por medio de los acontecimientos presentes manifiestos y la forma como el ser humano toma sus decisiones en ese mismo momento. Si la consecuencia es el sufrimiento, el dolor, malestar cualquiera es porque algún elemento en los respectivos planos del ser se ha manifestado de forma desequilibrada. Y es en ese instante que solamente tu podes saber a ciencia cierta cual es tu medida.
Por eso es necesaria la experiencia inmediata para que estos planos interactúen con los distintos planos de lo real para poder medir en que situación real te encuentras.En los próximas páginas explicaré en cómo interactúan estos planos en nosotros mismos con las distintas dimensiones de lo real.


